LA SEVILLA DESCONOCIDAD: EL LAGARTO DE LA CATEDRAL

Me complace muchísimo volver a escribir en este blog después de tanto tiempo. Tiempo que deseo no vuelva a transcurrir sin escribiros cositas.

Hoy quiero haceros llegar otra de mis historia de la Sevilla Desconocida. Estos días de verano fui con un par de amigas latino-americanas a enseñarles Sevilla, y como no podía ser de otra manera las llevé a ver nuestro fantástico templo catedralicio. Y como bien os podéis imaginar mis dos amigas me llenaron de preguntas, algunas las supe responder y otras las respondí “a medias”. Una de estas respuestas “a medias” fue la del famoso lagarto que se encuentra en el Patio de los Naranjos. Cuando terminé mi visita con ellas yo misma sentí curiosidad por conocer la totalidad de esas respuestas “a medias” que les había dado a mis dos amigas, así que buscando en la red encontré la respuesta definitiva que llenó mis ansias de saber.

Os adjunto la leyenda y el enlace de la fantástica página dónde la he encontrado.

EL LAGARTO DE LA CATEDRAL DE SEVILLA

En el Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla se encuentran colgados en una de las vigas del techo 3 objetos: un cocodrilo de tamaño natural, un bocado de caballo y un bastón de mando.

Por el año 1.260, el sultán de Egipto envió una embajada al rey Alfonso X el Sabio para pedir la mano de su hija Berenguela. La embajada trajo diversos presentes, entre ellos: un hermoso colmillo de elefante, un cocodrilo del Nilo vivo y una jirafa domesticada con su montura, su freno y bridas.

El rey castellano rechazó la petición de mano de su hija, devolvió la embajada cargada de buenas palabras y de regalos para el sultán, y aquí quedaron el cocodrilo y la jirafa. Pasado el tiempo, y muerto el cocodrilo, se disecó, y su piel rellena de paja fue colgada del Patio de los Naranjos junto con el freno de la jirafa.

 Lagarto de la Catedral de Sevilla

 Años después, se colgó como recuerdo la vara del embajador castellano que regresó de Egipto.

El cocodrilo actual está tallado en madera por autor desconocido y se estima del siglo XVI. Por su tamaño y por haber estado forrado de tela que al partirse y desde abajo, daba la impresión de ser piel a jirones, popularmente en Sevilla siempre se ha creído que el animal era auténtico y estar disecado. Hoy en día sólo se conserva la estructura restaurada del animal en madera, popularmente llamado “lagarto” por no conocerse en aquel momento espécimen mayor que dicho animal y dando nombre tanto a la nave del patio que lo contiene como a la puerta de acceso desde el exterior a dicha parte del patio.

Es uno de los objetos populares de la Catedral mas buscados por niños y adultos que se asombran de semejante elemento puesto en un lugar como lo es este maravilloso templo.

¡Hasta pronto!

Anuncios

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LEYENDA DE DOÑA MARÍA CORONEL

Hacia 1330, Doña María Fernandez Coronel era una hermosa joven, perteneciente a una familia acomodada, que tenía su casa en la esquina de la calle Arrayán con el mercado de la Feria, casa que con el tiempo ha sido del XVI al XIX palacio de los marqueses de la Algaba y hoy en día delegación de bienestar social del Ayuntamiento de Sevilla. Caso Doña María con el caballero D. Juan de la Cerda descendiente de la familia real de León, éste, se alió con los hermanos bastardos del Rey Don Pedro I El Cruel,   encabezados por D. Enrique de Trastamara, aportando dinero, armas y soldados a la causa de D. Enrique. Esto motivó que el Rey legítimo le condenase por traidor, y habiéndolo hecho prisionero en una batalla, lo mandara decapitar.

edi_114_2

Pasado algún tiempo, el Rey D. Pedro conoció a su viuda Dña. María, quien ya consolada en parte de la muerte de su esposo, vivía tranquila, administrando los bienes que le pertenecían a ella por su dote, puesto que los bienes de su esposo habían sido incautados por el Rey, y su casa situada junto a la iglesia de San Pedro había sido derribada y sembrado su solar de sal para que ni naciera allí la hierba, como escarmiento para traidores. Conocerla y enamorarse de ella fue todo en uno, y desde aquél día, el Rey Don Pedro persiguió a Doña María Coronel , con animo de rendirla, aún cuando ella lo rechazaba y huía de donde él pudiera encontrarla. Por esto se refugió en casa de sus padres, en la calle Arrayan, confiando en eludir esta persecución. Pero el Rey se propuso robarla de casa de sus padres y una noche habiendo escuchado al Rey que lo acechaba, huyó cubierta con un velo saliendo por la puerta que daba frente a la iglesia de Omnium Sanctorum y desde allí corriendo cruzó la calle ancha de la Feria, rodeó la Laguna (Alameda de Hercules) y llegó desolada a pedir amparo y refugio en el convento de Santa Clara. Las monjas, imaginando que el Rey no tardaría en llegar allí, la ocultaron en una zanja con tablas en el jardin, al amanecer llegó el Rey, quien había recibido una confidencia y recorrió todo el convento buscándola, pero no la encontró. Pasado algun tiempo y confirmado en sus sospechas, volvió nuevamente al convento de improviso y encontró a Doña María que ya vivía de una forma más descuidada. No le dió tiempo a esconderse, el Rey la persiguió por los corredores, con animo de reducirla y llevarla al Alcazar. Pero ella en su carrera entró en la cocina, donde estaban preparando la comida unas legas del convento, tomo una sarten con aceite hirviendo y se la derramo por la cara, deseando desfigurarse para que así el Rey no sintiera más apetito por ella. El aceite le produjo horrorosas quemaduras que desfiguraron su bello rostro, y cuando el Rey entro en la cocina y vió aquella cara, desollada, chorreando sangre y contraída por el dolor, huyó despavorido y desconsolado.

Mando el Rey a la abadesa de Santa Clara que cuidase y atendiese a Doña María, estando muy arrepentido, prometiendo no volverla a molestar y concediendole cuanto ella pidiese. Doña María Coronel, una vez repuesta de sus heridas, solicitó al Rey que le devolviese el solar de su antigua casa, junto a San Pedro, donde se proponía fundar un convento. El Rey le concedió el solar y en él, se edificó en 1347, el Convento de Santa Ines, siendo Doña María la primera priora que tuvo. Doña María murió a los 73 años de edad . Fué enterrada en el coro, pero en el siglo XVI, al hacer unas obras, encontraron su ataúd y al abrirlo apareció el cadaver perfectamente conservado, por lo que lo colocaron en una urna de cristal, al descubierto. Todos los años el día 2 de Diciembre puede visitarse en la iglesia de Santa Ines y todavía pueden apreciarse en su rostro las cicatrices que le produjo el aceite hirviendo.

Para seguir disfrutando de leyendas como esta y aprediendo nuevas cosas sobre nuestra Sevilla, no dudes en visitar en siguiente enlace que es del que hemos extraido esta leyenda.

LA SEVILLA DESCONOCIDA. EL MISTERIO DE LA CASA DE LAS SIRENAS

He encontrado esta leyenda en esta página, tiene unas leyendas fascinantes!! espero que os guste y visitéis su blog!! os dejo con la leyenda. Felices Fiestas!
 
La casa de las Sirenas

 
Es un palacete residencial del siglo XIX de estilo francés, situado hacia el centro de la Alameda de Hércules de Sevilla. Se llamaba en su origen “Recreo de la Alameda”, pero popularmente es conocido como “Casa de las Sirenas” por las grandes figuras de estos seres mitológicos que adornaban las rampas de acceso a la portada principal y otras menores en la cima de las jambas de esta portada…

Fue mandado construir por Don Lázaro Fernández de Angulo, marqués de Esquivel. Se culmina en 1864, y a los seis años el marqués de Esquivel vendió la casa. Desde entonces ha pasado por diversos dueños, hasta quedar abandonada desde la década de 1980. El estado de abandono llegó hasta la auténtica ruina, desplomándose los tejados e incluso parte de la fachada sur. Se robaron las rejas de la portada principal y las famosas sirenas.

En 1992 la adquiere el Ayuntamiento de Sevilla, emprendiendo su reconstrucción. Actualmente es Centro Cívico del Distrito “Casco Antiguo”, con abundantes actividades culturales: conferencias, conciertos, exposiciones, etc.
Pero realmente la historia que pesa bajos sus muros es otra bien distinta, vamos a desvelarla a continuación.

Construido en sus orígenes como un hermoso palacete residencial en el año 1861, se finaliza la obra en 1864. A los seis años de su construcción el marqués de Esquivel vendió la casa pasando desde entonces por muy diferentes dueños y llegando a ser una de tantas casas de citas que existían en la zona de la Alameda de Hércules.
Un guardia de seguridad que había trabajado hacía años en el edificio aseguraba que en su interior había sentido presencias extrañas con tal fuerza que llegó un momento en el que se sentía incapaz de hacer sus rondas. Los vecinos no sabían que dentro de la construcción ocurriera nada anómalo y contaron que la historia por la que se les preguntaba podría estar originada porque debajo de la casa pasaban túneles que recorrían muchos metros. Este pudo ser el origen de la leyenda negra que motivase los murmuraciones al fantasma entre algunos trabajadores del centro.

Según una primitiva leyenda, la mansión habría sido ordenada edificar por la princesa Ratazzi, María Letizia Wyse Bonaparte, descendiente de Napoleón, al Barón Haussmann prefecto del Departamento del Sena que en su día recibió el encargo Napoleón III de llevar a cabo un programa de reformas en París, construyendo lujosas mansiones, y creando un nuevo tipo de arquitectura afrancesada que se extendió por otros países, tanto europeos como latino americanos, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

Tal vez la princesa quiso refugiarse en Sevilla una casa semejante al palacio que la cobijó en París y esperar tristemente la muerte viendo pasar tras las vidrieras, berlinas y landós, sombreros, miriñaques y encajes, por los majestuosos paseos que entonces se derrochaban por la Alameda, siendo muy probable que sus lloros y lamentos quedaran apresados entre la nobleza de tan sofisticado edificio.

Allá por el año 1853, la Alameda de Hércules de Sevilla era uno de los lugares más emblemáticos de la capital, lugar de ocio y paseo y donde residía y de daba cita la flor y la nata de la sociedad. Estaba edificado sobre un terreno de mil ochocientos metros cuadrados, de los cuales mil doscientos se destinaron una edificación con techumbre de pizarra de dos plantas más un ático. Contaba con patio central y sendos jardines afrancesesados, aislados del exterior por un muro culminado por motivos románticos y una rampa que daba acceso al interior, y que soportaban las esfinges de dos sirenas de bronce, y otras menores en la cima de las jambas de esta portada, que dieron origen al nombre popular con el que ya sería conocido: “La Casa de las Sirenas”. El conjunto se complementaba con dos edificios anexos que servían a su vez de tapia. El uso de los mismos era seguramente de caballerizas o apeadero.

Sin embargo el Marqués de Esquivel no vivió en ella más de seis años y procedió a su venta, pasando por ella diversos dueños, llegando a vivir durante muchos años en ella la familia de la Portilla, una de las más renombradas de entonces. Poco a poco la Alameda fue perdiendo el poderío de antaño, degenerando en la decadencia. Se desconoce el motivo por el que la familia Portilla abandonó la mansión allá por los años cincuenta del siglo XX, pero lo que sí se sabe es que La Casa de las Sirenas, al igual que la Alameda, fue decayendo poco a poco, convirtiéndose en casa de citas en la España de la posguerra.

De una manera o de otra, los últimos moradores, tal vez debido a la época de escasez y miseria, tal vez por dejadez, la fueron dejando morir en su abandono, siento total su decadencia posterior a 1980, fecha en la que dejó de estar habitada. Ya por sobre los años cincuenta, corrían rumores de misterio sobre La Casa de las Sirenas. Los vecinos colindantes, se hacían confidencias a media voz de ruidos extraños provenientes de la casa, y la chiquillería jugaba a convertirse en valientes e intrépidos capitanes para reptar por sus muros casi derruidos y adentrarse en su lúgubre interior, cubierto de polvo y telarañas, con alguna que otra lámpara modelo Versalles que daba fe de lo que en otro tiempo había sido.

Aún a pesar de tales actos de valentía, siempre salían precipitadamente de la misma, con la cara pálida como la cera, los ojos desmesuradamente abiertos, y sobre todo, presas del miedo y del pánico. Entre ellos se contaban lo que habían visto, lo que habían oído, lo que habían percibido: Etéreas figuras que pululaban por la estancia, golpes provenientes de ningún sitio, sonido de pasos inesistentes e incluso murmullos que se alejaban en el aire.

Las murmuraciones contaban, que debajo de la casa pasaban túneles, y que además en la casa habitaba un fantasma, puede que proveniente de los mismos, o del mismo núcleo de la familia de la Portilla.
La historia provenía de cuando esta familia habitaba en ella. Según decían, uno de sus descendientes podría haber estado confinado dentro de la vivienda hasta el día en que murió. Este descendiente, acomplejado y traumatizado desde su infancia por su condición homosexual, habría optado por llevar una vida de reclusión dentro de su propia casa, autocastigándose por ello. Pero existían otra versión similar aunque con una notable diferencia: el enclaustramiento no había sido voluntario, sino obligado por sus propios familiares, temeroso de que lo que entonces se consideraba una vergüenza saliera a la luz pública, siendo muchos los que afirmaban que además lo mantenían atado para que no se escapase.

Tal vez su muerte fuera natural, tal vez provocada, pero todos entonces aseguraban que el supuesto fantasma que habitaba en las ruinas de la casa era el suyo. Ya fuera cierto o puro juego de la fantasía, La Casa de las Sirenas siguió manteniendo un cierto aura de misterio hasta el final de sus existencia, cuando ya totalmente derrumbada por falta de asistencia, fue demolida a principios de los años noventa de la pasada centuria y reconstruida nuevamente, fiel réplica del original, majestuosa y altanera, para convertirse en el Centro Cívico Las Sirenas, lugar cultural que ha vuelto a hacer resurgir la sufrida Alameda de Hércules.

Actualmente han vuelto a circular los rumores de que el personal de seguridad del edificio percibía fuerzas extrañas, e incluso alguien aseguró haber visto una figura etérea en las caballerizas.

Tal vez, ahora que están tan en voga las leyendas sobre fantasmas y fenómenos paranormales, estos rumores que resurgen de nuevo sean fruto del deseo popular de devolver de nuevo a La Casa de las Sirenas, el mismo misterio que se le otorgó en otro tiempo, lo mismo que se la ha devuelto la majestuosidad de entonces.
 

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LEYENDA DE LA MACARENA

La leyenda de la Macarena se refiere a un suceso que ocurrió poco antes de fundarse la hermandad, mediante la cual la cofradía no pudo procesionar hasta el Hospital de las Cinco Llagas. Según la leyenda, un viajero que iba a embarcarse hacia las indias cayó enfermo antes de subirse al barco y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento Andaluz. No se pudo hacer nada por su vida y murió sin haber hecho testamento. Al cabo de un año, nadie reclamó el cadáver y el hospital decidió quedarse con lo que llevaba. Abrieron su maleta y allí encontraron la mascarilla y la manos de una Virgen bellísima.

A pesar de la belleza de la imagen, las monjas que se hicieron cargo de ella no encontraron un altar donde colocar a la virgen debido a la falta de espacio que había en la capilla, así que la guardaron en un lugar seguro.
Unos años antes, a finales del siglo XVI, se fundaba una hermandad en el antiguo convento de San Basilio. Hoy día está desaparecido, pero estaba en la calle Relator. Esta hermandad solo tenia un crucificado que procesionaba en Semana Santa. Con el paso de los años decidieron adquirir una Virgen, a la que darían la advocación de Esperanza.

Ya de vuelta en el hospital, la leyenda cuenta que a mediados del XVII necesitaban un reloj con campanas para los servicios religiosos. Providencialmente, la hermandad de la calle Relator tenia un reloj que les había donado un devoto, pero no lo utilizaban porque se serian del que tenían los monjes del convento de San Basilio. Entonces propusieron cambiar la Virgen por el reloj.
Pero no fue tan fácil, el administrador del hospital no quería perder del todo la imagen, por lo que exigió que no constase como permuta definitiva, sino como cesión temporal sine die. La hermandad podía anular el acuerdo cuando quisiera, pero no así el hospital. Los hermanos añadieron que en ese caso no haría falta ninguna firma, sino que bastaría con que la imagen entrara en los terrenos del hospital para que perdieran la titularidad sobre ella.

Este contrato se cumplió escrupulosamente cuando años después el administrador quiso deshacer el contrato, pero los hermanos se negaron, solo si la virgen entraba en el hospital la perderían.
Años después la hermandad se estableció en la Iglesia de San Gil, donde estaría casi 300 años. En una ocasión un viernes santo el techo de la iglesia se hundió cuando la hermandad estaba en medio de la procesión, de forma que cuando regresaron no pudieron entrar en el Templo. los cofrades pensaron que lo mejor seria entrar en el hospital de las cinco llagas para resguardar a las imágenes, y allí se dirigieron. pero cuando estuvieron a punto de llegar a la cruz que marcaba el terreno del hospital un anciano empezó a dar voces advirtiendo a los cofrades q no entraran allí. le hicieron caso y el anciano contó al hermano mayor que si entraban allí perderían a la virgen inmediatamente. al preguntarle como sabia eso, respondió q cuando era muchacho el había sido aprendiz de relojero y ayudó a colocar el reloj en el hospital a cambio del préstamo de la virgen.

Por si acaso, los hermanos decidieron llevar a las imágenes a la iglesia de San Hermenegildo, en la Puerta Córdoba. según la leyenda, durante la historia esta escena se ha repetido varias veces. en todas ellas ha sido la gente del barrio de la Macarena la que se ha negado a que la Virgen entrara.
Cierta o no, esta leyenda hoy habría prescrito, pues en los años sesenta como ocasión de las misiones, la virgen entró en el hospital a visitar a los enfermos. a la salida no le pusieron problemas, por lo que hoy sigue en la Basílica bien protegida.

¿Será así?,¿ no será así? eso es algo que no lo sabemos, pero ahí dejo el misterio…

Fuente: http://sevillamisteriosyleyendas.blogspot.com.es/2011/04/la-macarena.html

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LA LEYENDA DEL TESORO DEL CARAMBOLO

Cuenta la leyenda que reinaba Argantonio en la mítica Tartessos, cuando sus aliados fenicios decidieron dejar de comprar sus productos para así obligar a los tartesios a bajar los precios y poder obtener mayor beneficio en su comercio con Tiro y el resto de colonias mediterráneas.
El rey, que era sabio y justo, se enfureció al ver la estrategia de los orientales y les amenazó con romper los tratos comerciales y expulsarles del país si no cesaban en su actitud. Los fenicios, seguros en sus colonias de Sevilla y Gadir, ignoraron la advertencia y continuaron con su proceder, lo cual aún disgustó más al ilustrado soberano, poco amigo de disputas, pero amante de su pueblo.
Argantonio decidió atacar las dos principales factorías fenicias para darles un escarmiento, así que dividió el grueso de su ejército en dos y, con él mismo y su hijo Terión a la cabeza, comenzaron el asedio de las ciudades. Los fenicios, que habían previsto el proceder del monarca, aprovecharon la débil situación en la que había quedado la capital tartesia tras la marcha de Argantonio y la atacaron. La ciudad quedó destruida rápidamente, pues su ejército se encontraba batallando y la defensa fue inútil. Todos los habitantes, ancianos, mujeres y niños fueron pasados a cuchillo.
Desde el asedio de Gadir, el rey distinguió el resplandor del fuego que arrasaba su capital, y volvió sobre sus pasos a la desesperada para auxiliar la ciudad. Cuando su ejército llegó a Tarsis, se encontraba extenuado y fue presa fácil de los fenicios. Los hombres de Argantonio, incluido él mismo, perecieron bajo las flechas fabricadas por su propio pueblo.
Sólo un hombre, que se había camuflado entre los cadáveres de sus compañeros, sobrevivió a la matanza. Y, cuando cesó la lucha, se avergonzó de su actitud y lloró la muerte del rey. Antes de que los enemigos saqueasen los cadáveres de sus compañeros, el soldado decidió redimir su cobardía. Se acercó al cuerpo inerte del monarca y le despojó de las ricas insignias reales que, por justicia, pertenecían al nuevo rey de Tartessos, su hijo Terión.
Sin pararse a pensar, se alejó corriendo del campo de batalla y no paró hasta la orilla del río Tarsis, donde se encontraba el resto del ejército. Allí, tras recuperar el aliento, informó a Terión del destino de su padre y de todo lo que había acontecido, y le tendió el lienzo en el que había guardado los brazaletes y collares propios del rey de Tartessos. El nuevo rey recompensó su bravura y se retiró a su tienda a orar. En silencio, observó los símbolos de su nuevo estatus y, con lágrimas en los ojos, juró que no los ceñiría hasta haber vengado la muerte de su padre y de todos los inocentes caídos. Luego, para asegurarse que, si él moría, los fenicios no se harían con las joyas reales, las introdujo en una vasija y las enterró allí mismo.
Aún brillaban las estrellas cuando el ejército tartesio comenzó a prepararse para la batalla. Y, al alba, los hombres de Terión atacaron simultáneamente la ciudad y la enorme flota fenicia anclada en el Guadalquivir. La lucha fue feroz, y las bajas fueron cuantiosas en ambos bandos. Terión, herido por una flecha, murió; no vivió para ver la victoria, y tampoco pudo celebrar la rendición de Gadir varios meses más tarde. Así que las insignias de su padre quedaron enterradas en el lugar de su última oración, a pesar de que su breve reinado se saldó con su única promesa cumplida.
El tiempo pasó, Tartessos pereció, Roma cayó y el mundo se duplicó. Más de 2000 años después, unos trabajadores descubrieron una vasija en el transcurso de unas obras. En ese momento, el sol brilló más fuerte, y es que Terión y Argantonio rieron complacidos para celebrar que su tesoro volvía a manos de sus herederos.

El Tesoro del Carambolo es un conjunto de varias piezas de oro y cerámica que primitivamente se creyeron de origen tartésico, aunque recientes investigaciones lo consideran el ajuar propio de animales que eran sacrificados en un templo de origen fenicio dedicado al dios Baal y la diosa Astarté que se encontraba en aquel lugar.

 

Fueron encontradas en el cerro del Carambolo, en el municipio de Camas, a tres kilómetros de Sevilla, justo donde se separa la carretera hacia Huelva y Mérida. Con motivo de unas obras en el Real Tiro de Pichón, el 30 de septiembre de 1.958, uno de los obreros, Alonso Hinojos del Pino, encontró casi en la superficie un brazalete que luego resultó ser de oro de 24 quilates y de un incalculable valor arqueológico. Al observar que al brazalete le faltaba un adorno, tanto él como el grupo de trabajadores que participaba, siguieron excavando en la búsqueda de la parte restante. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando encontraron un recipiente de barro cocido, una especie de lebrillo, conteniendo muchas otras piezas. Aparentemente eran imitaciones de joyas antiguas, de latón o cobre, por lo que no dieron mayor valor a lo encontrado. Tanto es así, que se las repartieron entre los trabajadores que habían intervenido. Uno de ellos, para demostrar que no podían ser de oro, dobló repetidamente una de las piezas hasta llegar a romperla. Debido a aquella absurda prueba, la marca de una perceptible rotura ha dañado para siempre uno de los elementos que tiene forma de piel de toro. La sensatez y el temor de posteriores responsabilidades, aconsejaron a los obreros a entregar las joyas encontradas. La leyenda comenzaba a dejar de serlo para convertirse en realidad.

La directiva del Tiro de Pichón, con buen criterio, buscó la intervención de una de las máximas autoridades en investigaciones tartésicas, el arqueólogo y catedrático don Juan de Mata Carriazo. El profesor Carriazo realizó un minucioso examen del tesoro y presentó el correspondiente informe:
“El tesoro está formado por 21 piezas de oro de 24 quilates, con un peso total de2.950 gramos. Joyas profusamente decoradas, con un arte fastuoso, a la vez delicado y bárbaro, con muy notable unidad de estilo y un estado de conservación satisfactorio, salvo algunas violencias ocurridas en el momento del hallazgo”.
 
El profesor Carriazo estableció que estas piezas pertenecían, fijando un amplio margen de error, a un período comprendido entre los siglos VIII y III antes de Cristo, agregando:
“- Un tesoro digno de Argantonio”, legendario rey de Tartessos.
El Tesoro fue comprado en 1.964 por el Ayuntamiento de Sevilla por un millón de pesetas, para evitar que, de acuerdo con la ley existente, pasara al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Desde el año 2.009, el Tesoro del Carambolo original es la muestra más espectacular del Museo Arqueológico de Sevilla. Desde hacía treinta años se exponía una réplica realizada en oro, guardándose el original en la cámara acorazada de una entidad bancaria, de la que salió sólo cuatro veces en dicho período de tiempo.
En enero de 2.011, se presenta un proyecto que prevé la reconstrucción del santuario a tamaño real en un cabezo próximo al lugar donde fue encontrado el Tesoro, ya que el emplazamiento original es, en la actualidad, de propiedad privada.
Un bloque de un metro de hormigón tapó hace un lustro el yacimiento del cerro del Carambolo, tras varios años de reveladoras excavaciones arqueológicas, sepultando así toda posibilidad a los ciudadanos de conocer cómo era el lugar en el que se encontró el tesoro más conocido del pasado de Sevilla. Hasta ahora, cuando un grupo de expertos liderados porla Sociedad Españolade Arqueología Virtual (SEAV) tiene el ambicioso objetivo de reconstruir el santuario en el que estaban las citadas joyas y en torno al que giraba esta devoción de los fenicios. Porque eran fenicios, tal y como desvelaron las últimas excavaciones arqueológicas en el yacimiento entre 2002 y 2004, y no tartésicos como se había creído hasta entonces.
Será de este modo un centro de interpretación que nada tendrá que ver con los construidos hasta el momento en nuestro entorno, ya que recreará lo más fielmente posible el templo de más de3.000 metros cuadrados que empezó a nacer con pequeñas dimensiones en el siglo IX antes de Cristo y duró apenas dos siglos y medio. Es el momento de su máximo apogeo el que se reproducirá en un proyecto que pretende ir más allá de la experiencia de recorrer un museo y sumergir al visitante en un viaje al pasado con una atmósfera mágica.

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LA TORRE DE DON FADRIQUE


Hoy quiero presentaros un misterio, un misterio de ambición, poder y amor que se produjo en Sevilla en la llamada torre de don Fadrique. Dicha torre se encuentra situada en la calle Santa Clara nº 30. En la actualidad no puede ser visitada, puesto que se encuentra en obras el convento colindante, pero, si alguna vez tenéis la ocasión, no dejéis de visitarla, su simple aroma te transporta a un mundo completamente misterioso…

LA TORRE DE DON FADRIQUE

 

El rey San Fernando había estado casado con la reina doña Beatriz de Suabia, de ilustre estirpe europea. Doña Beatriz dió al rey varios hijos, siendo el primero de ellos don Alfonso ” el Sabio”, quien después de la muerte de Don Fernando ocuparía el trono de Castilla y León con el nombre de D. Alfonso X el Sabio. El menor de los hijos fué el infante don Fadrique.
 

El rey San Fernando III

Sepulcro de Doña Beatriz de Suabia. Primera esposa del rey San Fernando

Cuando doña Beatriz murió, el rey, con casi 50 años de edad,  contrajo nuevo matrimonio con doña Juana de Pointiheu, con la finalidad de entablar relacines de amistad con Francia. la diferencia de edad entre el rey y doña Juana era demasiada pués ella tan solo tenía 17 años.

Imagen similar de mujer a la que se pudo parecer doña Juana de Pointiheu

Pero poco después de contraer matrimonio el rey se puso en marcha para conquistar Córdoba y Sevilla Las campañas le mantuvieron alejado de su esposa. El rey sólo se acercaba a ella por cumplir como caballero y cristiano y por obligación matrimonial, por lo que la joven tuvo varios hijos, más como deber que por placer.
Los reyes se vinieron a Sevilla y se instalaron en el Alcázar, pero el rey  por preocupaciones, por ejercitaciones piadosas y por una enfermedad que contrajo al pasar el Guadalquivir por Lora del Río, de la que nunca se repuso, se alejaba aún más de su esposa.
Cuatro años después doña Juana quedó viuda, joven, bella, sin haber sabido lo que realmente significaba tener un marido y sola en Sevilla sin más compañía que la de sus doncellas, ya que debido a la educación que debían de recibir sus hijos, aún pequeños, tan sólo los veía para darle un beso antes de acostarse.
Pero un día vino al Alcázar el infante don Fadrique, hijo de San Fernando, y por tanto hijastro de doña Juana aunque ambos tenían la misma edad. Don Fadrique nunca había vivido en Sevilla pero cuando llegó se vió obligado a acudir a presentar sus respetos a doña Juana. Cuando llegó al Alcázar, esta se encontraba, como solía hacer muchas veces, en el jardín cazando palomas con su halcón favorito, don Fadrique eligió el halcón y estuvieron conversando. Al día siguiente salieron juntos a cazar junto al Guadalquivir. Y a pesar de las críticas, las salidas continuaron.

Pintura de halcón

Llegó el invierno y la caza a la orilla del río resultaba difícil por lo que don Fadrique mandó construir una Torre para que la reina viuda pudiese cazar teniendo cerca un fuego aunque las explicaciones que él daba a quienes le preguntaban era que iba a construir una Torre para la defensa de la ciudad. Para los que entendían de estrategia militar esta explicación no fue muy convincente.
El rey Alfonso X para evitar las murmuraciones de sus nobles, trasladó la corte a Toledo. Pero la nobleza sevillana y el pueblo bajo se unieron a una guerra contra los amantes porque no podían admitir que una reina viuda se volviera a casar  ni tampoco que tuviera amores secretos.
Cuando la reina acompañada del infante  salían del Alcázar para dirigirse a la Torre de don Fadrique, se cerraban todas las puertas y ventanas de las casas antes de que llegara a su altura la reina.

Torre de Don Fadrique

El 24 de Junio, que era el santo de la reina, se enviaron más de 200 invitaciones desde el Alcázar, pero ni uno sólo de los invitados acudió al banquete. Fue este día cuando la reina ordenó recoger todas sus cosas y las de sus hijos para irse a Francia. Don Fadrique quedó desconsolado ante la noticia.
Al embarcar la reina en la Falúa, que era el barco de la familia real, situado en el embarcadero real, al surcar por el río  dirigió una última mirada con los ojos llenos de lágrimas a la Torre de don Fadrique que durante 3 años había sido su nido de amor. Con un pañuelo hizo una señal en dirección a la Torre dónde don Fadrique le hacía una señal de adiós con la mano.
Don Fadrique fue acusado y sentenciado a muerte por haber ofendido el decoro real por tener relaciones ilícitas con la viuda del rey.
Desde entonces la Torre de don Fadrique no volvió a ser usada y hoy en día sique ahí, en la calle de Santa Clara, como muestra del arte románico y gótico.

Vista de la Torre de Don Fadrique desde el Convento de Santa Clara con busto de Fernando VII

El diseño de la torre presenta una altura de tres plantas levantadas encima de un amplio zócalo y rematada en azotea con almenas. Es una estructura cuadrada de diez metros de lado aproximadamente con una puerta de estilo románico. Está protegida según declaración del Decreto del 22/04/1949, y la Ley 16/1985 en referencia al Patrimonio Histórico Español. La Junta de Andalucía la incluyó en el reconocimiento especial a los castillos de la Comunidad Autónoma de
Andalucía.

 

 

Gárgola situada en la parte superior de la torre

 

Foto del interior de la torre

Sobre la puerta de entrada de claro estilo románico se conserva una placa de la época de fundación con caracteres latinos y en latín y cuya traducción es la que sigue:

Puerta de acceso a la Torre

Esta torre es fabrica del magnífico Fadrique, podrá llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y noventa y dos (1252) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas.

Fuente: Libro Tradiciones y Leyendas Sevillanas, José María de Mena.
Fuentes fotográficas:

 

 

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LA LEYENDA DE LA CALLE SIERPES

PINCHA AQUÍ PARA RECIBIR INFORMACIÓN SOBRE LA SEVILLA DESCONOCIDA

Antes de seguir escribiendo, quería daros las gracias por la cantidad de comentarios que dejáis en las entradas de “La Sevilla Desconocida”, me animan a seguir escribiendo, puesto que creo que tenemos por suerte una Sevilla mágica y misteriosa que en cualquier esquina en cualquier “escondrijo” esconde la más fantástica de las historia, las cuales merecen ser transmitidas en el tiempo para que nuestros hijos conozcan esta maravillosa “Sevilla Desconocida”. Gracias a todos.

En esta entrada voy a hablaros sobre una leyenda que recuerdo me contó mi madre cuando era apenas una niña, y que, la verdad, es que en aquellos años de inocencia me produjo mucho miedo. A continuación os la transcribo: La leyenda de la calle Sierpes. Esta obra está recogida del libro de José María de Mena “Tradiciones y Leyendas Sevillanas”.Espero que os guste.


LA LEYENDA DE LA CALLE SIERPES

A finales del siglo XV, cuando aún no había terminado la Reconquista, Sevilla era el lugar de paso para las tropas que se dirigían al reino de  Granada. Se trataba de una frontera insegura, la cuál permitía infiltrarse fácilmente a individuos armados y merodeadores. En muchas ciudades, y por supuesto en Sevilla había barrios de personas descontentas que siempre estaban dispuestos a fomentar la revuelta. Para agravar más la situación, los nobles españoles estaban divididos en bandos, todos hostiles al poder real que intentaba disminuir sus privilegios para fortalecer la autoridad de la Corona.

Por aquel entonces comenzaron a ocurrir en Sevilla siniestros sucesos… con frecuencia faltaban niños. Unas veces desaparecían en la noche de sus casas, robados de sus propias cunas; otras veces desaparecían al atardecer, sin regresar de sus juegos a sus casas, sin que jamás se volviera a saber de ellos.

Cundió la alarma en la ciudad con mil rumores. Unos decían que los niños eran robados por judíos para sacrílegas parodias de la crucifixión de Cristo; otros aseguraban que los niños eran robados por bandidos moros a los palacios del rey de Granada para convertirlos en esclavos; otros, que más bién eran piratas turcos que remontaban el Guadalquivir en barcas, entraban en la ciudad disfrazados de mercaderes para llevarse los niños y venderlos en los mercados del gran Sultán de Constantinopla.

Pero cierto día un hombre se presentó en casa de Don Alonso de Cárdenas, que por aquel entonces regentaba la ciudad. Aquel hombre no quiso mostrar su rostro ni decir su nombre. Venía a hablar del asunto de los robos de los niños que tan acongojada tenía a la ciudad. Don Alonso le preguntó que si sabía de quién o quiénes eran los autores, y que se le ayudaba a prenderlos los haría quemar a fuego lento en el campo de Tablada o los manadaría a descuartizar entre cuatro caballos en la Plaza de San Francisco. El hombre le preguntó que cuál sería su recompensa si le ayudase a terminar con aquel grave asunto. Don Alonso le dijo que el premio sería lo que el quisiera; el hombre pidió su libertad pero como  no se fiaba de las promesas de Don Alonso, pidió un compromiso por escrito ante un escribano y Don Alonso aceptó. Delante del escribano  explicó que era un preso fugitivo, que se había escapado de los calabozos de la cárcel a través de las antiguas cloacas, y fue intentando huir por aquellos laberintos estrechos cuando encontró a quien robaba los niños. Don Alonso firmó el escrito en el que se redactaba que perdonaba de sus delitos y liberaba a este hombre, Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en Letras por los Estudios de Osuna, tercera Universidad de España. Melchor le dijo que no sólo le diría quién era el autor de los secuestros sino que le llevaría hasta él, ya que lo había matado hacia dos días. Se dirigieron entonces a la calle Entrecárceles y entraron en el caserón de la cácel Real, llegaron al calabozo dónde había estado encarcelado Melchor y se bajaron por las cloacas hasta llegar a un lugar dónde se cruzaban varias galerias.

Antigua Cárcel Real de Sevilla. Actualmente Sede de “Cajasol”

Fue entonces cuando Melchor dijo: ” Ahí tenéis al ladrón y matador de niños”. Y levantando la antorcha para iluminar mostró a los acompañantes el cuerpo de un monstruoso animal, que en un principio parecía un cocodrilo o un dragón pero que finalmente reconocieron como una gran serpiente, de temible aspecto. Uno de los alguaciles armados reconoció  la galeria y afirmó que en efecto era aquella gran bestia la que robaba a los niños saliendo por otras cloacas al interior de las casas pués había visto por el suelo algunos restos infantiles. Don Alonso se dirigió a Melchor y le dijo que era libre, que podía marchar a donde quisiera pero que pasara antes por la Casa Consistorial dónde le darían algún empleo si quisiera quedarse en Sevilla o dinero para que volviera a su pueblo si así lo deseaba.

Don Alonso ordenó que el disforme “cuerpo de la Sierpe” fuera sacado de aquella galería y fuera expuesto en la calle de Espaderos. A fuerza de repetir el relato de lo sucedido a esta calle se le empezó a llamar ” La calle de la Sierpe”, borrándose así la memoria del nombre que antes tenía, Espaderos.


A continuación ponemos los enlaces de las páginas de dónde hemos tomado las fotos:

http://www.fotolog.com/reino_de_sevilla/35977037

http://personal.us.es/alporu/histsevilla/audiencia.htm

http://leyendasdesevilla.blogspot.com/2011/01/historia-y-leyenda-de-la-calle-sierpes.html

http://www.google.es/imgres?imgurl=http://2.bp.blogspot.com/

Como ya hemos expuesto con anterioridad esta entrada ha sido extraída del libro “Tradiciones y leyendas sevillanas” de José María de Mena.