LA SEVILLA DESCONOCIDA. PANTEÓN DE LOS SEVILLANOS ILUSTRES

Aquí estoy otra vez para contaros una historia que, de seguro, todos conocemos, es la del Panteón de los Sevillanos Ilustres.

En el subsuelo de la calle Laraña, sitio de paso diario de multitud de transeúntes, más concretamente debajo de la Iglesia de la Anunciacón, ya saben, la iglesia de donde sale en Semana Santa la hermandad del Valle, bueno, pues ahí, en el subsuelo nos encontramos con algo que muy dificilmente nos pudieramos imaginar, con un panteón, y este no tendría tanta importancia, si no fuera el lugar donde se encuentran enterrados algunos de nuestros sevillanos más ilustres.

Pero lo malo que tiene es que es “casi” desconocido puesto que tiene un horario de visitas de lo más reducido, los jueves durante curso escolar de 4,30 a 7, 30 de la tarde, con la desinteresada colaboración de los alumnos del Colegio Buen Pastor , que es de agradecer.

También es interesante decir, que este monumento está situado en una zona de alto “nivel” paranormal, sobre lo que hay comentarios y vivencias dignas del mismísimo agente Mulder.

Pero tras bajar las frías escaleras de mármol que nos llevan al subsuelo de la iglesia de la Anunciación, nos encontramos con enterramientos y lápidas de muchos personajes que aún sin ser sevillanos, tuvieron y tienen mucho peso en la historia cultural sevillana. Algunos de ellos son:

Benito Arias Montano (Fregenal de la Sierra, 1527-Sevilla, 1598) fue un humanista, hebraista, biólogo y escritor políglota. Marchó a Trento para asistir al concilio como teólogo (1562). A su regreso, se retiró a Aracena  hasta 1566, año en que fue nombrado capellán del Emperador . Encargado de editar una Biblia políglota, la Biblia Regia o de Amberes, compulsó nuevos códices, publicó gramáticas y léxicos de las lenguas siríaca y aramea y escribió diversos comentarios eruditos al texto bíblico.

Retrato de Benito Arias Montano

Monumento funerario dedicado a Benito Arias Montano

Algunos mienbros de la familia Ponce de León tal como Rodrigo Ponce de León(Cádiz, 1443-Sevilla, 1492)  Este apoyó a Enrique IV contra la nobleza, aceptó la autoridad de Isabel la católica y se distinguió en la guerra de Granada.

Lápida Rodrigo Ponce de León

Rodrigo Caro (Utrera, España, 1573-Sevilla, 1647) Escritor español. Estudió leyes, trabajó para el obispado de Sevilla. Se relacionó con Quevedo, Pacheco y Rioja. Su obra más conocida es la Canción a las ruinas de Itálica.

Rodrigo Caro

Lápida Rodrigo Caro

José Amador de los Ríos (Baena, 1818-Sevilla, 1878) Escritor español. Su obra sentó las bases de la historia literaria española. Fue catedrático de literatura española en la Universidad de Madrid. Documentó la Historia política, social y religiosa de los judíos de España y Portugal (1875-1876).

José Amador de los Ríos

Lápida José Amador de los Ríos

Alberto Lista (Sevilla, 1775- id., 1848) Escritor español. Fundó la Academia de las Buenas Letras (1793), que aportó a la poesía de su época la tradición de Herrera, Rioja y Calderón y una nota sentimental prerromántica. Fue profesor y tuvo por discípulos a quienes habrían de integrar la primera generación romántica: Espronceda, Ventura de la Vega, etc. Dejó odas religiosas (A la muerte de Jesús, La resurrección del Señor) y filosófico-morales (El sueño del infortunio) . Es autor también de Lecciones de literatura dramática y de Ensayos literarios y críticos.

Alberto Lista

Lápida Alberto Lista

Fernán Caballero (Cantón de Vaud, suiza 1796- Sevilla 1877) era el seudónimo utilizado por la escritora española Cecilia Böhl de Faber y Larrea. Los duques de Montpensier y la reina Isabel II la protegieron y le brindaron una vivienda en el Patio de las Banderas del Alcázar de Sevilla, pero la revolución de 1868 la obligó a mudarse debido a que las casas fueron puestas en venta. Algunas de sus obras más destacadas fueron La familia de Alvareda, La hija del sol y La flor de las ruinas.

Fernán Caballero o Cecilia Böhl de Faber y Larrea

Lápida Fernán Caballero

Valeriano Bécquer Bécquer(Sevilla 1853- Madrid 1870) Célebre pintor español y hermano del archiconocido Gustavo Adolfo.

Valeriano Bécquer

Gustavo Adolfo Becquer (Sevilla 1836- Madrid 1870) La vida de este GRAN artista la encontramos en toda su amplitud en el siguiente enlace de este blog  https://feteju.wordpress.com/2011/01/20/la-sevilla-desconocida-gustavo-adolfo-becquer/.

 

Retrato de Bécquer pintado por su hermano Valeriano

Parte del monumento funerario

Lápida

Es importante decir que tanto como Valeriano como Gustavo comparten sepultura y que sus tumbas son las que reciben el mayor número de visitas y para sorpresa de todos, también es receptora desde hace años de los mensajes escritos que dejan cientos de personas, en su mayoría adolescentes, como si el poeta fuera un santo laico o alguien que desde el más allá pueda hacer que se cumplan deseos de los mortales.

Recordatorio situado en la casa madrileña donde falleció Gustavo Adolfo Bécquer

Como hemos explicado antes, el Panteón se abre al público una tarde a la semana y es mostrado por un grupo de alumnos de segundo de Bachiller del Colegio Buen Pastor, momento en que los admiradores del poeta aprovechan para dejar sus mensajes bajo la escultura del ángel que preside la tumba.

Casi todos estos mensajes tienen tono romántico, piden un amor para toda la vida o conservar el que ya poseen tales como:

“Esto… espero que me concedas una novia que esté buena, buena, buena, buena. Por favor, ¿eh?”

“Hoy hace un año que te hice el amor por última vez, 365 días recordando la blancura de tu piel y el aroma de París…”

“Para que el amor nos vaya bien y tengamos mucha salud”

“¡Oh, Bécquer, tú que escuchas a los enamorados! Ayúdame a lograr el amor de ese chico que ha invadido mi corazón”

“Bécquer, ayúdame a encontrar el amor verdadero, ese que me haga suspirar…”

 

Lápida y monumento funerario

Sea como sea, Todos estos Sevillanos Ilustres que se encuentran poco menos que “escondidos” merecen ser conocidos por todos los sevillanos y no solo por un par de horas a la semana, sino que podamos visitarlos casi con tanta facilidad como nuestra Catedral, puesto, que ellos son también Historia de Sevilla.

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LA SEVILLA DESCONOCIDA. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

En esta nueva entrada de “La Sevilla Desconocida” nos gustaría hablaros de uno de los mejores poetas que ha dado nuestra madre patria, y se trata de Gustavo Adolfo Becquer, bueno, sabemos que no es tan desconocido, pero nos parece un artista que nos ha dejado como legado una maravillosa obra llena de “rimas y leyendas” cargadas de misterio, amor y pasión que merecen ser recordadas. A continuación os dejamos con su vida, esperamos desde FETEJU que os guste esta nueva entrada de: LA SEVILLA DESCONOCIDA.

Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870):

Su nombre verdadero era Gustavo Adolfo Dominguez Bastida, nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer. Su madre fue Joaquina Bastida de Vargas. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecida en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622. Tanto Gustavo Adolfo como su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, adoptaron artísticamente Bécquer como primer apellido en la firma de sus obras. Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo Mártir.

Joaquina Bastida de Vargas

Casa donde nación Bécquer con placa conmemorativa en la calle Conde de Barajas

José Domínguez Insausti

Pasó su infancia y adolescencia en Sevilla, donde estudió pintura. En 1854 se trasladó a Madrid, desempeñándose como periodista y funcionario. Realizó numerosos viajes con su hermano pintor, llamado Valeriano. En 1858 enfermó gravemente, y durante su convalecencia publicó su primera leyenda, El caudillo de manos rojas. Hacia 1858 conoció a Josefina Espín, una bella señorita de ojos azules, y empezó a cortejarla; pronto, sin embargo, se fijó en la que sería su musa irremediable, la hermana de Josefina y hermosa cantante de ópera Julia Espín, en la tertulia que se desarrollaba en casa de su padre, el músico Joaquín Espín, maestro director de la Universidad Central, profesor de solfeo en el Conservatorio y organista de la Capilla Real, protegido de Narváez. Gustavo se enamoró (decía que el amor era su única felicidad) y empezó a escribir las primeras Rimas, como Tu pupila es azul, pero la relación no llegó a consolidarse porque ella tenía más altas miras y le disgustaba la vida bohemia del escritor, que aún no era famoso; Julia dio nombre a una de las hijas de Valeriano. Durante esta época empezó a escuchar a su admirado Chopin. Después (entre 1859 y 1860) amó con pasión a una dama de Valladolid, Elisa Guillén, pero la amante se cansó de él y su abandono lo sumió en la desesperación. Después se casó precipitadamente con Casta Esteban.

Julia Espín

 

Iniciador de la poesía moderna española, y el mejor representante de la corriente intimista y romántica, ejerció gran influencia en figuras de la talla de Carolina Coronado y Rosalía de Castro. Compuso la mayor parte de sus rimas entre 1867 y 1868, pero el manuscrito se perdió y solo se conservan las que retuvo en la memoria y pudieron ser reconstruidas en “El libro de los gorriones“, cuaderno en el que también incluye alguna página en prosa. Sus poemas suponen la revalorización, característica del romanticismo, de canciones y coplas de la poesía popular. Son breves composiciones, de lenguaje sencillo, profundo lirismo y expresadas con un tono sincero. De su obra en prosa destacan las Leyendas, relatos llenos de color local, fantasía y atmósfera sobrenatural, donde se refleja su atracción por el misterio, Cartas literarias a una mujer (1860-1861), donde expone sus teorías sobre la poesía y el amor, y Cartas desde mi celda, descripciones paisajísticas escritas en el monasterio de Veruela, adonde se había retirado por motivos de salud.

Valeriano Bécquer

Gustavo enferma gravemente y muere el 22 de diciembre de 1861 durante un eclipse total de sol; un poco antes, en septiembre, había muerto su hermano Valeriano. Mientras agonizaba, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»); pidió también que cuidaran de sus hijos. Sus últimas palabras fueron «Todo mortal». Ferrán y Correa se pusieron de inmediato a preparar la edición de sus Obras completas para ayudar a la familia; salieron en 1871 en dos volúmenes; en sucesivas ediciones fueron añadidos otros escritos. Los restos de los dos hermanos fueron trasladados en 1913 a Sevilla, donde actualmente reposan en el misterioso Panteón de los Sevillanos Ilustres situado en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla.

Tumba de Gustavo y Valeriano Bécquer