LA SEVILLA DESCONOCIDA. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

En esta nueva entrada de “La Sevilla Desconocida” nos gustaría hablaros de uno de los mejores poetas que ha dado nuestra madre patria, y se trata de Gustavo Adolfo Becquer, bueno, sabemos que no es tan desconocido, pero nos parece un artista que nos ha dejado como legado una maravillosa obra llena de “rimas y leyendas” cargadas de misterio, amor y pasión que merecen ser recordadas. A continuación os dejamos con su vida, esperamos desde FETEJU que os guste esta nueva entrada de: LA SEVILLA DESCONOCIDA.

Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870):

Su nombre verdadero era Gustavo Adolfo Dominguez Bastida, nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer. Su madre fue Joaquina Bastida de Vargas. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecida en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622. Tanto Gustavo Adolfo como su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, adoptaron artísticamente Bécquer como primer apellido en la firma de sus obras. Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo Mártir.

Joaquina Bastida de Vargas

Casa donde nación Bécquer con placa conmemorativa en la calle Conde de Barajas

José Domínguez Insausti

Pasó su infancia y adolescencia en Sevilla, donde estudió pintura. En 1854 se trasladó a Madrid, desempeñándose como periodista y funcionario. Realizó numerosos viajes con su hermano pintor, llamado Valeriano. En 1858 enfermó gravemente, y durante su convalecencia publicó su primera leyenda, El caudillo de manos rojas. Hacia 1858 conoció a Josefina Espín, una bella señorita de ojos azules, y empezó a cortejarla; pronto, sin embargo, se fijó en la que sería su musa irremediable, la hermana de Josefina y hermosa cantante de ópera Julia Espín, en la tertulia que se desarrollaba en casa de su padre, el músico Joaquín Espín, maestro director de la Universidad Central, profesor de solfeo en el Conservatorio y organista de la Capilla Real, protegido de Narváez. Gustavo se enamoró (decía que el amor era su única felicidad) y empezó a escribir las primeras Rimas, como Tu pupila es azul, pero la relación no llegó a consolidarse porque ella tenía más altas miras y le disgustaba la vida bohemia del escritor, que aún no era famoso; Julia dio nombre a una de las hijas de Valeriano. Durante esta época empezó a escuchar a su admirado Chopin. Después (entre 1859 y 1860) amó con pasión a una dama de Valladolid, Elisa Guillén, pero la amante se cansó de él y su abandono lo sumió en la desesperación. Después se casó precipitadamente con Casta Esteban.

Julia Espín

 

Iniciador de la poesía moderna española, y el mejor representante de la corriente intimista y romántica, ejerció gran influencia en figuras de la talla de Carolina Coronado y Rosalía de Castro. Compuso la mayor parte de sus rimas entre 1867 y 1868, pero el manuscrito se perdió y solo se conservan las que retuvo en la memoria y pudieron ser reconstruidas en “El libro de los gorriones“, cuaderno en el que también incluye alguna página en prosa. Sus poemas suponen la revalorización, característica del romanticismo, de canciones y coplas de la poesía popular. Son breves composiciones, de lenguaje sencillo, profundo lirismo y expresadas con un tono sincero. De su obra en prosa destacan las Leyendas, relatos llenos de color local, fantasía y atmósfera sobrenatural, donde se refleja su atracción por el misterio, Cartas literarias a una mujer (1860-1861), donde expone sus teorías sobre la poesía y el amor, y Cartas desde mi celda, descripciones paisajísticas escritas en el monasterio de Veruela, adonde se había retirado por motivos de salud.

Valeriano Bécquer

Gustavo enferma gravemente y muere el 22 de diciembre de 1861 durante un eclipse total de sol; un poco antes, en septiembre, había muerto su hermano Valeriano. Mientras agonizaba, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemase sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»); pidió también que cuidaran de sus hijos. Sus últimas palabras fueron «Todo mortal». Ferrán y Correa se pusieron de inmediato a preparar la edición de sus Obras completas para ayudar a la familia; salieron en 1871 en dos volúmenes; en sucesivas ediciones fueron añadidos otros escritos. Los restos de los dos hermanos fueron trasladados en 1913 a Sevilla, donde actualmente reposan en el misterioso Panteón de los Sevillanos Ilustres situado en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla.

Tumba de Gustavo y Valeriano Bécquer

 

LA SEVILLA DESCONOCIDA. LA LEYENDA DE LA BELLA SUSONA

Antes de nada, me gustaría agradeceros de corazón vuestros comentarios, me animan y me hacen seguir publicando. Creo que es imprescindible que sigamos descubriendo nuestra Sevilla, las partes que por uso o deshuso han desaparecido de nuestras mentes y que sólo aún persisten en la memoria de nuestros mayores. De esta forma aprenderemos a valorar lo maravilloso de nuestra ciudad, transmitiendo a nuestra descendencia las historias de LA SEVILLA, QUE ESPERO, DEJE DE SER DESCONOCIDA.

GRACIAS

LA LEYENDA DE LA BELLA SUSONA

Cuenta la leyenda, que en Sevilla, aproximadamente en el siglo XIV, tras la persecución de que fueron objeto en 1391, habían obtenido la protección de la Autoridad Real, y vivían con ciertas garantías, pero no por ello se sentían del todo seguros, y soportaban innumerables vejaciones. Esto despertó en algunos de ellos un rencor que pronto había de convertirse en afán de venganza.

Y al efecto, un judío llamado Diego Susón ideó un plan que habría de sembrar el terror en Sevilla, y con la idea, quizá, de organizar un general levantamiento de judíos en todo el reino.

Recordaban los judíos que las persecuciones de los visigodos dieron lugar a que los judíos de aquel entonces organizaran una rebelión, al mismo tiempo que facilitaron a los árabes la invasión de España. Ahora quizá podrían hacer lo mismo. Así comenzaron en casa de Diego Susón a celebrarse reuniones secretas para estudiar el plan de la que sería la gran sublevación judía de España.

Tenía Diego Susón una hija, a la que por su extraordinaria hermosura se llamaba en toda Sevilla “la fermosa fembra“. Y ella, engreída por la admiración que despertaba su belleza, llegó a hacerse ilusiones de alcanzar un alto puesto en la vida social. Así, a espaldas de su padre, se dejaba cortejar por un mozo caballero cristiano, uno de los más ilustres linajes de Sevilla, que tenía en su palacio un escudo de gloriosa heráldica.

La bella Susona se veía a escondidas con el galán caballero, y no tardó en ser su amante.

Cierto día, cuando Susona dormía en su habitación, se reunieron en la casa los judíos conjurados, para ultimar los planes de la sublevación. Pero Susona no dormía porque como todas las noches, aguardaba a que su padre se acostase para huir sigilosamente de la casa, a reunirse con su amante hasta el amanecer.

Susona escuchó palabra por palabra toda la conversación de los conspiradores, y mientras tanto, su corazón latía angustiado, pensando que entre los primeros a quienes darían muerte estaría su amante, que era uno de los caballeros principales de Sevilla.

Aguardó a que terminase la reunión de los judíos y cuando todos se marcharon y su padre se acostó, la bella judía abandonó la casa, marchó por las calles de la Judería hacia la actual Mateos Gago, por donde se salía del barrio. Desde allí se dirigió a casa de su amante y entre sollozos le refirió todo lo que había oído.

Inmediatamente el caballero acudió a casa del Asistente de la Ciudad, que era el famoso don Diego de Merlo, y le contó cuanto la bella Susona le había dicho.

Leyenda de la bella Susona

Acto seguido, don Diego de Merlo, con los alguaciles más fieles y de confianza, bien armados, recorrió las casas de los conspiradores, y en pocas horas los apresó a todos. Pasados unos días, todos ellos fueron condenados a muerte y ejecutados en la horca de “Buena Vista“, en Tablada.

El mismo día que ahorcaron a su padre, la fermosa fembra reflexionó sobre su triste suerte. Aunque su denuncia había sido justa, no la había inspirado la justicia, sino la livinidad, pues el motivo de acusar a su padre fue solamente para librar a su amante y poder continuar con él su vida de pecado.

Atormentada por los remordimientos, acudió Susona a la Catedral, pidiendo confesión. El arcipreste la bautizó y le dio la absolución, aconsejándole que se retirase a hacer penitencia a un convento, como así lo hizo y allí permaneció varios años, hasta que sintiendo tranquilo su espíritu volvió a su casa donde en lo sucesivo llevó una vida cristiana y ejemplar.

Finalmente, cuando murió Susona y abrieron su testamento encontraron una cláusula que decía:

Y para que sirva de ejemplo a las jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo, y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás.

Se cumplió el mandato testamentario, y la cabeza de Susona fue puesta en una escarpia sobre el dintel de la puerta de su casa, que era la primera de la calle que hoy lleva su nombre. El horrible despojo secado por el sol, y covertido en calavera, permaneció allí por lo menos desde finales del siglo XV hasta mediados del XVII según testimonios de algunos que la vieron ya entrado el 1600. Por esta razón se llamó calle de la Muerte, cuyo nombre en el siglo XIX se cambió por el de calle Susona que ahora lleva.

Ésta fue la triste historia de una mujer que movida por el amor y por el pecado carnal, entregó a su propio padre al patíbulo, y que después acosada por los remordimientos no pudo gozar de aquel placer que tan sangrientamente había buscado.

 

FOTOS ANTIGUAS DE SEVILLA, LA SEVILLA DESCONOCIDA

Mercado de la Encarnacion a finales de los años veinte principio de los treinta del siglo XX

¿A qué no os suena de nada esta imagen? ¿seguro? ¿pensadlo de nuevo? Es la plaza de la Encarnación con el antiguo mercado de fondo.

La idea de este mercado fue de las invasoras tropas de Napoleón, aunque se construyó un poco más tarde en 1820 y ocupaba mucho más del triste solar vallado que hoy se puede ver, es decir, se metía bastante en la actual plaza de la Encarnación y por detrás de la calle Regina.

Fue obra de los arquitectos Melchor Cano y Salustiano Ardanaz  y estaba dividido en tres calles perpendiculares , atravesadas por cinco calles más pequeñas , donde estaba distribuido por  articulos los diferentes puestos de venta ( la organización de los productos de las grandes superficies ya lo habían inventado nuestros tatarabuelos ) y en el centro una fuente  .La imagen que aquí ven corresponde al centro del mercado.

Pero la atormentada existencia del mercado pronto comenzaría . En 1948 se demolió un tercio del mismo, para lograr un ensanche de comunicación entre la Puerta Osario con la Campana y digamos que el mercado aunque funcionado entra en una amplia decadencia  que culmina con tu total demolicion en 1973 .-

Para que se hagan una idea de lo que en Sevilla se entiende por provisionalidad , si van en dirección a la calle Alcázares y la rebasan se encontrarán con el “Mercado de la Encarnacion instalaciones provisionales” construido en 1973. Es decir, solo treinta años provisionales y ….lo que te rondare morena .

Pero volvamos a esta imagen irrepetible , estamos en una Sevilla invernal de arboles desnudos ; el guardia civil , con su tricornio y capote vigilando las frecuentes peleas de mercado ; las mujeres con sus mantones de lana ,hasta la niña llevaba mantón ; todos los hombtres con la cabeza cubierta , o con mascotas o gorras , era impensable que un hombre en aquella época fuera con la cabeza descubierta.

Lo dicho todo un viaje en el tiempo, como en una congelada escena que no volverá a recobrar el movimiento .Este era el Mercado de la Encarnacion viviente.

Y su fuente, la más antigua de Sevilla.

http://www.galeon.com/juliodominguez/2003/meren.html